El ejercicio y la edad

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Por ahí dicen que uno es joven hasta que le plazca, y eso en parte es una gran verdad. Pero lo cierto es que no podemos comparar a un chiquillo de 25 con alguien de 50 años, y no es que queramos discriminar por algún motivo ni nada de eso, sino que deseamos que se entienda que el ser humano tiene etapas y que estas deben ser en efecto manipuladas de acuerdo a cada edad. Debemos saber que no es lo mismo el organismo de alguien joven que apenas empieza a vivir que el de alguien que ya ha pasado por la mitad de la esperanza de vida media según cifras de cada país.

Los jóvenes: Cuando hablamos de jóvenes, al fin de cuentas estamos hablando solo de organismos, es decir, de cuerpos jóvenes, de sistemas que circulan con más capacidad que otros, de órganos que cumplen mejor su función en cada momento. En efecto nos estamos refiriendo a la capacidad de asimilarlo todo de una forma más fácil y sin los problemas que tendrían un órgano en mal estado. Y vale la pena que nos comparemos con máquinas desde el buen punto de vista, puesto que nuestros órganos no son más que piezas que se desgastan con el tiempo, cuyo valor disminuye tras cada día, y debemos saber que este tipo de conductas son realmente naturales.

Los mayores: Al contrario del cuerpo de un joven, el de un adulto tiene mayores falencias, ya no actúa igual, pues se pueden pasar varias decenas de años repitiendo procesos tan simples como el de la secreción, por eso es que muchos de los más comunes problemas relacionados con la edad tienen que ver con la depuración, con la secreción de las funciones de los órganos, lo que nos da la prueba de que la comparación se debe hacer bajo términos de buenos análisis de cada edad.

El deporte en la etapa de adultos: Como bien hemos visto, podemos afirmar que ya no será igual la práctica y ello se explica desde varios puntos que tienen que ver con la anatomía, la fisiología y hasta la psicología.

La anatomía: Los órganos pierden gran parte de su morfología, se desgastan y eliminan partes que se han dado por el uso habitual y normal y hasta por las enfermedades más insospechadas.

La fisiología: Es quizás la parte más importante para explicar este proceso: las articulaciones comienzan a brindar menos cantidad de líquido sinovial que bien es conocido por todos que sirve para la amortiguación y varios procesos de buen funcionamiento del cuerpo en general. Los huesos por su parte, comienzan a descalcificarse, a perder valor, a mostrarse menos resistentes. La piel es más sensible a los rayos del sol por cuenta de una perdida en la melanina. Los órganos empiezan a hacer más lentos los procesos. Los músculos pierden tonificación por cuenta de los bajos niveles de colágeno (envejecimiento aparente) y en si muchas cosas pierden su completo sentido.

¿Qué hacer?: Hay, primero, que jugar mucho con la mencionada psicología. Debemos saber que no tenemos 16, pero podemos seguir entrenando, claro está con más cuidados. Hay que incrementar la ingesta de calcio para el fortalecimiento de los huesos, así como de vitamina D para absorberlo de forma correcta. Igualmente es esencial consumir vitamina E que favorece la aparición de antioxidantes que retienen el envejecimiento (a menos de modo parcial), la vitamina C es muy buena para retener los virus y bacterias en el organismo y en sí comer sanamente nos proporcionará todas las armas para hacerle frente a esta bella etapa que no puede ser en ninguna medida incapacitante, sino más bien revitalizadora.